Sé que a veces soy catastrofista. Pero ¿qué está pasando con el mundo? Después de días de no dormir bien porque (ser madre es duro y) se me han juntado las entregas y exámenes de la UOC con las evaluaciones como profe, ahora no puedo dormir porque resulta que el mundo está más podrido de lo que pensaba.
Es que no tengo palabras, ni mi cuerpo sabe cómo reaccionar a todo esto.
¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué podemos hacer? Estoy muy preocupada por el mundo que dejaremos a nuestros hijos. No puedo entender la falta de humanidad.
No sé si también estoy más sensible porque estoy releyendo a Yuval Noah Harari —tenía sus libros mal colocados y decidí leerlos antes de guardarlos—, pero es que el individualismo va a acabar con nosotros como sociedad, y espérate que no acabemos cargándonoslo todo.
Intento respirar, valorar los pequeños pasos que hago día a día: dejar Twitter, Spotify, no comprar en Amazon ni en grandes plataformas, consumir (lo que realmente necesito) lo más local posible, no jugar con el dinero, tenerlo en una cooperativa de crédito y ahorro, valorar el arte y la artesanía…
Pero escribo esto desde un documento de Google en un Mac. Tengo un iPhone al lado para hablar por WhatsApp y hacer pequeños scrolls en Instagram. Y llevo unas bambas Nike, unos pantalones del Mango y ropa interior de H&M.
También llevo un jersey del outlet de Bobo Choses hecho en España y unas gafas de Project Lobster, también hechas en Europa.
Y estoy rodeada de muebles de Ikea, de pequeños electrodomésticos de procedencia dudosa. Mañana iré a trabajar en coche. Y seguro que en algún momento del día usaré ChatGPT.
Y mi Instagram está lleno de gente que denuncia todo esto.
También están preocupados.
Pero mi Instagram está lleno de gente que denuncia todo esto.
Y cuesta sostenerlo.
¿Qué podemos hacer en un mundo en el que todo está tan mal?
¿Tenemos realmente poder para revertirlo de alguna manera?
¿O ya está todo perdido?
No sé qué tenemos que hacer. No tengo ninguna respuesta clara, ni ninguna tranquilidad que ofrecer. Escribir esto no arregla el mundo ni lo hará menos cruel.
Pero es lo único que puedo hacer hoy: no callar, no anestesiarme del todo, no fingir que todo va bien. Seguir intentando vivir dentro de esta contradicción inmensa.
Cuidar lo que tengo cerca. Intentar que, al menos aquí, la vida no sea tan cruel.
Reflexionar, compartir, cuidar. Que no vaya tan deprisa ni sea solo consumo.
Quizá es ingenuo. Quizá es poco. Quizá incluso es individualista.
Pero es la única manera que conozco de no rendirme del todo.
Y es desde aquí, y solo desde aquí, desde donde todavía puedo respirar.
Cuidémonos.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!